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Radiografía de la soja en Paraguay: brechas, potencial y desafíos por zona

El cultivo de soja en Paraguay, pilar económico y productivo del país, presenta marcadas diferencias de rendimiento entre departamentos, según un análisis de datos oficiales que abarca 35 campañas, entre 1990 y 2025.

Un análisis, elaborado a partir de estadísticas del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), evidencia que los mayores promedios de rendimiento no siempre se registran en las zonas con mayor tradición sojera. En varios casos, departamentos con menor historial de siembra muestran rindes elevados, aunque con una baja frecuencia de campañas.

Un ejemplo es Paraguarí, que figura entre los departamentos con mejor promedio histórico de rendimiento, pero con presencia del cultivo en apenas 9 campañas. Esta baja periodicidad incide directamente en los resultados, al igual que la menor superficie sembrada en comparación con regiones como Alto Paraná e Itapúa, donde la producción es más constante pero también más expuesta a variabilidad.

En total se analizaron 35 campañas, se observó que departamentos como Alto Paraná, Itapúa, Caaguazú, San Pedro, Caazapá, Concepción y Canindeyú superan las 30 campañas con soja, consolidándose como las principales zonas productivas. En estos territorios, además, se concentra gran parte de las fincas de la agricultura familiar, menores a 50 hectáreas, según datos del Censo Agropecuario Nacional.

En términos generales, la mayoría de los departamentos registra rendimientos históricos superiores a 2.000 kilos por hectárea, mientras que en los años más favorables se superaron los 3.000 kilos por hectárea. Estos picos están directamente asociados a condiciones climáticas óptimas.

Frecuencia y desempeño definen el potencial por departamento

Sin embargo, al analizar la frecuencia de los rendimientos, se observan diferencias relevantes. Departamentos como Cordillera, Paraguarí, Caaguazú y Alto Paraná registran en más del 20% de sus campañas promedios superiores a 3.000 kg/ha. No obstante, en el caso de Cordillera y Paraguarí, este resultado está influenciado por la menor cantidad de años con presencia del cultivo.

En el rango de más de 2.500 kg/ha, considerado clave para la rentabilidad del sistema, destacan Itapúa, Alto Paraná, Caaguazú, Canindeyú y Caazapá, donde más del 50% de las campañas se ubican en este nivel. Estas regiones se consolidan como las más productivas del país.

Por encima de los 2.000 kg/ha, estos mismos departamentos superan el 74% de frecuencia, sumándose también Amambay. En contraste, Guairá, San Pedro, Concepción, Cordillera y Paraguarí no alcanzan el 60% de campañas en este rango, evidenciando mayor inestabilidad productiva.

En el otro extremo, los rendimientos por debajo de 1.500 kg/ha, asociados a zafras adversas, se concentran en Cordillera, Guairá, Misiones, Ñeembucú y Alto Paraguay, donde cerca del 20% de las campañas se ubican en este nivel, posicionándose como los departamentos de menor desempeño relativo.

Claves para ajustar inversión y manejo

El ingeniero agrónomo Omar Paredes, responsable de Comercialización de Semillas del INBIO, señaló que estos datos constituyen una herramienta clave para la toma de decisiones productivas, especialmente en lo que respecta a la elección de variedades y niveles de inversión.

“En zonas con mayor frecuencia de rendimientos superiores a 2.500 kg/ha se puede apostar por materiales de alto potencial. En cambio, en regiones más variables, es fundamental optar por variedades más rústicas y tecnologías que mitiguen riesgos, como la sequía”, explicó.

El especialista remarcó que el rendimiento está fuertemente condicionado por el clima, por lo que en ambientes más frágiles resulta clave aplicar estrategias de manejo que permitan estabilizar la producción.

En ese sentido, recomendó la adopción de prácticas sostenibles como la siembra directa, la fertilización basada en análisis de suelo, el uso eficiente de fitosanitarios, la elección de variedades adaptadas a cada zona y el respeto de las ventanas óptimas de siembra.

Estas herramientas, concluyó, son fundamentales para maximizar el potencial productivo y lograr mayor estabilidad en los distintos ambientes agrícolas del país.

Fuente: Inbio

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