Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) publicaron dos artículos científicos que reavivan el debate sobre los organismos genéticamente modificados (OGM). Por un lado, evidencian que la transgénesis puede ocurrir de manera natural. Por otro lado, señalan que los marcos regulatorios vigentes podrían no estar alineados con esta realidad.
El primer artículo, titulado “Plantas transgénicas naturales y la necesidad de repensar los desencadenantes regulatorios en biotecnología”, plantea que durante décadas se asumió que los OGM son el resultado de la manipulación genética en laboratorios. No obstante, estudios genómicos demostraron que numerosas especies vegetales contienen secuencias de ADN foráneo adquiridas a través de un proceso natural conocido como transferencia horizontal de genes (

HGT). Este fenómeno, común en bacterias, también se documentó ampliamente en plantas, especialmente en especies como Nicotiana e Ipomoea batatas (batata), cuyos genomas contienen fragmentos de ADN bacteriano, en particular Agrobacterium.
Estas plantas, consideradas naturalmente transgénicas, integran y heredan genes exógenos, lo que funcionalmente las convierte en OGM, a pesar no tuvieron modificación en laboratorio. Esta evidencia pone en entredicho la clasificación tradicional entre organismos naturales y modificados. Además, revela que la frontera entre ambos es mucho más difusa de lo que se creía.
El segundo artículo, titulado “Desafíos regulatorios e implicancias comerciales globales de la edición genómica en la agricultura”, se enfoca en los retos que plantea la regulación de la edición genómica. Subraya cómo esta nueva realidad científica exige una revisión de los marcos legales que rigen la biotecnología agrícola.
Un nuevo enfoque
En muchos países, especialmente en Europa, los cultivos genéticamente modificados aún se regulan en función del método utilizado para desarrollarlos. Bajo este enfoque, se requiere una evaluación exhaustiva de bioseguridad para los productos generados mediante herramientas como CRISPR, incluso cuando los cambios introducidos son idénticos a los que podrían darse de forma espontánea o mediante el mejoramiento tradicional.
En contraste, países como Argentina, Brasil, Canadá e India adoptaron marcos regulatorios basados en el producto final. Es decir, que evalúan las características del organismo resultante sin importar la técnica empleada. Este enfoque favorece la innovación, reduce los costos regulatorios y facilita el acceso a nuevas tecnologías por parte de pequeñas empresas y centros de investigación públicos. La coexistencia de plantas naturalmente transgénicas con los cultivos desarrollados mediante nuevas técnicas de mejoramiento (NBT) pone en relieve las limitaciones de un modelo regulatorio centrado exclusivamente en el proceso.
Las dos publicaciones coinciden en que la regulación de la biotecnología tiene que evolucionar hacia un enfoque más coherente, proporcional y basado en evidencia científica, donde lo importante sea el riesgo real del producto y no el método por el cual fue desarrollado.
Los autores de ambas publicaciones son profesionales categorizados en el Sistema Nacional de Investigadores (SISNI) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). También, colaboraron otros investigadores.
Fuente: Conacyt